NAVAJAS

-Despierta, María-. Escucho su voz en algún lugar de la habitación. Las alucinaciones se mezclan con las ausencias y la muerte. No hay verdades, no hay seguridad. Mis ojos lo buscan, mi alma se esconde entre las sábanas viejas.

La sangre corre en medio de mis muslos, moja mis labios y mi clítoris expuesto. La falta de aire en mis entrañas llena de llamaradas ardientes mi pecho y tráquea. Siento el frío subir por los dedos de mis manos, cubriendo mis palmas hasta llegar a las heridas en mis omóplatos. En este momento, el dolor comienza a funcionar como anestesia. Las heridas comienzan a llenarse de flores con espinas y de mi centro nacen nuevos ríos escarlata que alimentan la cama en la que mi cuerpo descansa. Tres puñaladas en forma de cruz, un labio roto y cardenales que adornan desde el cuello hasta mi torso. Sus dedos se han quedado marcados en mis brazos.

La psicosis se mezcla con la esquizofrenia de no saberte verdad. Las sombras comienzan a envolver mis extremidades para prohibir movimiento. De mis ojos inexistentes la sal comienza a acumularse. Levantan mi falda, tocan mis senos, siento tus labios en los míos: angustia. ¿Quién toca? Mis piernas tiemblan y se rompen ante los sonidos sordos de la habitación. El miedo pasado se funde en el miedo presente para generar el terror futuro.

fabian-perez-the-train-station-vii

Cuántas veces nos despedimos para no volver, cuántas veces juraste al infierno que no volverías a pecar entrando en mí. -Infierno eres tú, María- escribiste al pie de página de la novela que leía. Besaste mi cuello e introdujiste tus dedos en mí, buscando. – ¿Algún día encontraremos lo que buscamos en el otro? -, pregunté. Tomaste mi cadera y me sentaste sobre ti, entraste con fuerza; lastimando. Me desnudaste para investigarlo.

-María Viva, María Muerta- se oye en eco. El dolor comienza a ser insoportable, las navajas en mi costado rompen con hierro muerto mi carne viva.

¿Qué buscamos?

POSIBILIDADES

La posibilidad es concepto inexistente entre nosotros. No existen podrías en horizontes lejanos; ni en la cercanía. El lenguaje nos suprime en la praxis, mientras, los deseos no se subliman entre nuestro olor a sexo y ganas. Anoche, busqué el vestido en tonos grises que no recuerdo- pero que te gusta- y encontré la novela política que me has regalado la primera vez que tropezamos. Leí párrafos al azar, angustiada he salido a fumar un cigarrillo y a comprar alcohol. Hay una estela de melancolía que se ha mantenido desde el último domingo y que se ha encontrado con un jueves problemático. La música pulsante del viernes junto con el olor a hierba quemada, hoy lunes, aún me acompaña. Carajo, hemos olvidado meternos en la cama para contrarrestar lo público que nos rodea y, al leer parte de la novela he temido que no volvamos a tocarnos.

Me gusta que subas tus manos por mis piernas y beses mis labios, mientras yo cierro los ojos para dejar de temblar. ¿Recuerdas? Los meses transcurren como semanas, pero las semanas son años. Van dos años que no me tocas, semanas que no me mojas.

Hoy, antes de dormir, mientras cepillaba mi cabello y observaba el brillo de la luna reflejarse en los edificios de cristal, me conté una historia de piernas largas y putas cubanas que esperan el amor sin pagos de oficina y no venden su corazón. Esa, que tanto te gusta que cuente mientras me penetras y besas mi espalda. Las historias de Marías intensas y desubicadas: mariposas hetairas de nadie.

Tus pasos silenciosos irrumpen el departamento haciendo que recuerde que ya ha pasado la media noche y debería estar dormida. Te espere, porque la expectativa nos vuelve locos; porque la distancia, aún más. Pero, no quiero verte ni escucharte, son tus horas y caprichos, no los míos. ¿Has pensado en la desesperación de quien espera?

 86e6a8b4941fd5595f7f14ac73365235.jpg

Me pides que me acueste entre las sábanas revueltas y levante mi cadera. Mis pechos se erectan en la mezcla de pudor y exhibicionismo callejero que provoca quitarse las bragas y mostrar la humedad a cualquier extraño que pase por la calle. Consciente de esto, me tiras a la cama y pasas tu mano por mi cuello para levantar mi mirada. Tu mirada, busca mi espalda baja. El color de tus ojos se pierde en tus pupilas negras que pulsan entre gestos marcados y pestañas rizadas..

Con un murmullo, acepto la invitación al dejar mis piernas abiertas para dejar ver mis labios húmedos. Te quiero, te deseo, te espero.

Te alejas para observarme así, mientras con mis dedos busco morir por segundos.

DESPEDIDAS

 

Amor,

Entre la melancolía, mi gusto por los tangos argentinos y mi precaución de llegar a rozar a Borges en los labios, te escribo. Perdona si aún te utilizo como estructura discursiva de algunos textos. Eres lo más cercano a lo más lejano; un interlocutor entre la María sin la [V]iolencia y Cristina. Por momentos, también, eres lo más cercano a la nostalgia que se quema entre puertas cerradas pero que logra encontrarme por las ventanas rotas de mis vestidos. ¿Que si te quiero? Te quiero como a aquella noche en España que nunca sucedió. Te quiero en el abstracto de quien ha querido y se ha ocultado en el olvido porque la ausencia pesa más que las piedras que prometió colocar en el camino de vuelta a casa. Te quiero, porque te quise. Te quiero porque eres memoria. Mis piernas se llenan de la humedad que el rojo burlesque en mi boca provoca ante las erecciones de aquellos desprevenidos. Un beso en la clavícula izquierda me lleva a los callejones en busca de romper la sublimación de mis pulsiones erróneas. Las mordidas en mis senos erectos escriben la fe de erratas de un nuevo texto que se guarda en la izquierda de un grito revolucionario sureño.

No pienso caer en mayor provocación que la que produce un extraño subiendo sus manos entre mi falda y medias negras, mientras el alcohol sube por mis venas secas.  No pienso regresar más que al mar que llevo años sin ver, amor, ahora solo sos estructura narrativa de despedidas. Despedidas, que tengo miedo a articular esta noche. Dos tragos a un Maria Tinto, tres nombres de filósofos italianos, y una carta inconclusa a un nosotros equivocado, componen la canción desesperada de marzo. Varias manos ajenas susurran entre mis labios húmedos e introducen sus dedos buscando  las ultimas gotas de sangre e himen.

b2c1f6a85a05e9e8043ee0acef8c107c

Con seducción perversa me enredo en la humedad del olvido, mis manos desnudan mis senos ante el espejo buscando las mordidas de un flanneur de izquierda que me puso entre el comunismo y la pared. Con miedo toco mi cabello suelto y recuerdo la ausencia de centímetros que buscaban cortar con el arraigo de quién no buscó conocerme más allá de su escritorio. En instinto muerdo mis labios y recuerdo el beso que aún se mantiene fresco desde la noche en que pedí que dejara estar. Una amistad inconclusa que se funde entre el ruido del motor de la motocicleta y el cigarro que se deja por temporadas. Lo deje por ti, y ahora regresa para decirme que nunca se ha ido.  Tendremos muchos más domingos.

Me miro y bajo a mi vientre, lo encuentro: es su cocina y el sentimiento que aprendo ahora a guardar en mis entrañas y no en el pecho. Encuentro el azul de los mosaicos en tu baño y lo convierto en el azul de las sabanas y los vitrales que colorean mis orgasmos.

Amor, mira ahora las marcas de mis piernas, las cicatrices de una guerra secreta a gritos.

Esa repulsión no existe en sus ojos.

Duerme, cielo.

VIERNES

Un puñado de miedos suben entre mis piernas hasta encontrar su destino en la sensibilidad de mis labios húmedos. Las manos de Salazar recorren mis muslos desnudos hasta introducir sus dedos en mí. Los pequeños momentos que guardamos nos hacen reconfigurar la dialéctica en la que nos movemos. Yo, su constate antítesis; él -siempre- mi comprobación de existencia temporal.

Sin preguntarnos, comienza la nueva discusión teórica entre literatura y lenguaje. Soy más naturaleza de la que aceptare ante su cadena simbólica. Sus labios muerden con violencia los míos, una risa nos trae de nuevo a la excitación salvaje sobre el sillón. Con impaciencia tomo su mano y la regreso a mis caderas mientras un nuevo argumento se formula en la punta de mi lengua.

b2c1f6a85a05e9e8043ee0acef8c107c

Salazar entra en mi vida y conmueve mis rincones más austeros de sensibilidad. Me convierte en otra y me revuelca entre sentimientos nuevos mientras sube sus labios por mis pezones erectos. Mis gemidos se quedan en sus labios mientras mis manos pasan mis dedos largos entre su cabello. Respiro, en un momento de silencio donde lo único que nos mantiene alejados de la soledad es el latir del otro, susurro una frase indescifrable para ellos, secreto de nosotros.

Como si fuera una señal de bienvenida, Salazar, con la poca cordura que le queda, entra, me reconoce y me llena de algo más que carne. El peligro de su ausencia se olvida con nuevos sentires y pulsiones.  En eufemismos mudos nos convencemos de que somos el uno para el otro mientras, en cada embestida muerdo mis labios pidiendo que no se detenga.

Sus manos acarician con cariño mientras sus penetraciones aumentan en fuerza y significado. Entonces, bebo algo más embriagante que el alcohol: el orgasmo que causa el inhalar su aroma desde su pecho desnudo hasta la máxima estimulación del sentir acompaña el sabor a un lugar nuevo; nuestro.

Mis labios bajan y encuentran su erección. Salazar levanta mi rostro y con pupilas distendidas, promete extrañarme hasta el viernes.

 

Yo prometo despertar mañana.

CONFRONTACIONES

María despierta con los gritos desesperados de su madre. Hay vidrios en toda la habitación, su padre está delante de ella con un arma. Nadie la ve, nadie la escucha. -¡Detente!- solloza. Los rosarios se han caído, la virgen mira hacia otro lado. Él sigue gritando, su madre se levanta con un cuchillo en mano. Ha dejado a su hermana en el cuarto, escondida.

Mstislav Pavlov@by-anwar-nada-art

María tardo demasiados golpes antes de entender que eso no era amor. Su umbral del dolor se endureció, ahora se pierde entre relaciones efímeras que no necesitan la confrontación: se habla de lo que ella quiere. Cambia los temas con la agilidad de una bailarina de ballet, sonríe hasta que no haya más necesidad que la de besar. Le teme a las discusiones, le teme a los golpes. La sangre corrompe gradualmente sus pensamientos.

Perdona mis miedos.

CASTIGO

-No mientes tan bien María­- . Salazar enciende un cigarro mientras ella le da la espalda. Las sábanas rojas cubren sus senos y las lágrimas. La sangre comienza a correr entre sus piernas. No ha mentido, si lo hiciera él no sabría lo que realmente siente. Quiere que lo sepa. Los moretones rompen su espalda, se aprecia el dolor cuando tiene la función de ser penitencia. -Yo no me confieso- , le dijo un día a Salazar. Con los años aprendió que el castigo impuesto por el otro podía ser erróneo y controlado por ella. María toma plena conciencia de las consecuencias antes de hacer lo que quiere hacer. Los golpes de su madre eran tolerables, por ejemplo. No había un verdadero castigo porque los otros no sabían castigarla. Ella, incluso, tomaba el castigo como herramienta de manipulación. Estaba llena de falso arrepentimiento y era demasiado rápida para ser sorprendida en sus mentiras. Fingía estar enamorada cuando cada noche un coche diferente la llevaba a su casa. Se vendía ante la menor provocación.

Jack-Vettriano_4600_495

Salazar no siente la sangre hasta que la toma por la espalda y la abraza. La humedad de su sexo es diferente a la que escurre ahora entre sus manos.

María agradece el dolor, lo pide mientras el extraño la muerde del cuello. -Más fuete- , gime. Las marcas de mañana serán remarca de lo que hizo ayer. Los utiliza como piezas para su propia redención. Aquel extraño que la ha mordido la golpea contra el auto. María sonríe, se burla de él. Hay dos cámaras en cada flanco. Los policías deben estar observando. Le gusta saber que alguien más la mira, les sonríe. Salazar corrompe, pero jamás lo haría parte de sus juegos.

Las lágrimas de María son transparentes. En el sentido más simbólico que se puede [d]escribir. Salazar vive de entender, pero a veces no puede comprender lo que los moretones guardan. No siempre puede tener la razón con ella; no siempre hay respuesta.

– Cuidáme, no quiero volver-

María tiene veintidós años. Escribe mientras sube su falda y se masturba. María escribe porque está enamorada.

LÁRGATE

 

  Los golpes lastimaban su espalda, la temperatura era baja y la sangre comenzaba a secarse en sus muñecas. María beso la lluvia y corrió a refugiarse en una capilla. La virgen de Guadalupe rodeada de flores la recibió estática, inmóvil. Ella se hincó en la esquina con la mirada fija en su manto y comenzó a llorar. El calor de los golpes por un momento se confundió con la idea reconfortante de compañía. Si estaba sola, ahora, ya no lo estaba tanto. Al menos eso creyó María.

bb7356067bcbd8703644bdaa39dc4971

-Te necesito-. María escribió en su libreta. La locura en registro literario corrompe sus venas, la soledad en archivo besa sus caderas. La sangre la encuentra de nuevo. Se pinta los labios, rojo, por supuesto. María, se pone una falda corta con medias y comienza a gritar: lárgate. Nuestra historia se ha terminado. Lo necesito a él, lo amo a él.